
Buscas el precio para un piso de cien metros y te encuentras con una horquilla que va de los 7.000 a los 22.000 euros. Ese rango mezcla casos incomparables: viviendas unifamiliares con suelo radiante, casas completas y simples pisos que solo quieren agua caliente. En nuestra provincia, lo habitual es el tercer escenario, donde la realidad es mucho más sencilla de presupuestar.
Al no existir red de gas natural ni necesitar calefacción en la costa o el sur, el caso típico —desde Las Palmas hasta Vecindario— es el más limpio de los tres. No hay circuito de emisores que alimentar ni obra larga. El equipo se dimensiona por litros diarios de agua sanitaria y por las duchas coincidentes, no por metros cuadrados construidos. Esto hace que salga más pequeño y económico que los catálogos pensados para inviernos fríos.
Por qué la horquilla publicada no sirve para un piso de aquí
La banda de precios que circula por ahí, entre los 7.000 y los 22.000 euros, mete en el mismo saco realidades muy distintas: desde la casa peninsular con suelo radiante hasta la unifamiliar completa o el piso que solo busca agua caliente sanitaria. Aquí, ese tercer escenario es el más habitual. En un bloque de los años setenta en Las Palmas de Gran Canaria, con tendedero estrecho y patio de luces, no hace falta calefacción; lo que se pide es ACS constante para una familia que no quiere depender del termo eléctrico. Ese equipo pequeño, con acumulador de 150 a 200 litros y sin circuito de emisores, queda lejos del precio alto del catálogo pensado para el frío continental.
Por eso, mirar solo la cifra global engaña. El dimensionamiento aquí depende de los litros diarios a 45 grados y de cuántas duchas coinciden a la misma hora, no de los metros cuadrados construidos. La instalación rinde mejor porque el aire templado mantiene el rendimiento estable todo el año, pero cada caso tiene su trampa: en Telde o Arucas, la ubicación de la unidad exterior y la autorización comunitaria pesan tanto como el aparato. Cualquier número que veas antes de pisar la obra es orientativo. La empresa instaladora debe visitar el sitio para ver si hay espacio en azotea, cómo llega el agua desalada y qué protección antical requiere el depósito. Sin esa visita técnica, la comparación de presupuestos pierde sentido.
Las partidas de un presupuesto de aerotermia sin circuito de emisores
Cuando la oferta descarta radiadores o suelo radiante, el presupuesto se centra en lo esencial para un clima donde apenas se calienta: equipo compacto dimensionado por demanda diaria de agua caliente sanitaria y piscina, no por metros cuadrados. Incluye acumulador con litraje y material ajustados a la dureza del agua desalada habitual en Lanzarote y Fuerteventura, tramo hidráulico, línea eléctrica dedicada desde el cuadro, soportes antivibratorios y legalización. Dos ofertas con el mismo aparato divergen precisamente en estos conceptos; una puede omitir el antivibratorio o simplificar la protección contra la salinidad marina que corroe las aletas en zonas costeras como Melenara o Playa Honda.
La puesta en marcha y el desglose del IGIC completan el paquete. En municipios como Arucas o Vecindario, donde la azotea permite accesos más sencillos, algunos instaladores incluyen la gestión de permisos comunales si hay tendedero estrecho o patio de luces. Al comparar, revisa que conste explícitamente la separación a ventanas y la orientación libre de obstrucciones por el alisio del nordeste, especialmente en Pozo Izquierdo o Titerroy. Lo que una partida deja fuera suele ser mantenimiento frente a calima o adaptaciones para fancoils de refrigeración puntual, detalles que cambian el coste final aunque el motor térmico sea idéntico.
Qué encarece la instalación en un bloque de Las Palmas de Gran Canaria
En un bloque de los años sesenta a ochenta en Las Palmas, el precio final se dispara por el recorrido del circuito. Subir la tubería desde un patio de luces estrecho hasta una planta alta o cruzar toda la vivienda para conectar con el único punto ventilado añade horas de mano de obra y metros de material. El tendedero suele ser demasiado corto para albergar la unidad exterior sin invadir zonas comunes, mientras que la azotea comunitaria exige permisos vecinales para el anclaje. Ampliar un cuadro eléctrico ya saturado es otro gasto habitual que no aparece en las ofertas básicas.
Aquí no calientas la casa; buscas agua caliente sanitaria constante y, si procede, refrigeración puntual mediante fancoils. Por eso el equipo dimensionado por litros diarios y hora punta sale más pequeño y barato que en catálogos peninsulares pensados para radiadores. La brisa marina deposita sal en las aletas del intercambiador, lo que obliga a prever mantenimiento específico. Antes de firmar, pide que desglosen IGIC y costes de andamio o grúa si la fachada es complicada: en esta provincia, la instalación encarece donde el espacio escasea, no donde hace frío.
El IGIC va en línea aparte, y conviene mirarlo antes de firmar
En la provincia de Las Palmas no entra en juego el IVA habitual, sino el IGIC. Aquí es donde muchos presupuestos se separan aunque parezcan iguales: el impuesto indirecto aplicable oscila entre el tipo general del 7 % y el reducido del 3 %. La clave está en cómo se contrata la obra y si esta computa como rehabilitación de vivienda. No lo decide el cliente ni quien compara ofertas; esa calificación la fija la empresa instaladora que emite la factura final.
Por eso, al revisar las cifras para un piso en Las Palmas o una villa en Puerto del Carmen, exija siempre el desglose en línea aparte. Dos instalaciones con el mismo equipo y acumulador pueden tener un coste final distinto solo por este concepto. Es el único tributo indirecto relevante en estos textos y conviene mirarlo con lupa antes de firmar, porque suele ser la diferencia invisible entre dos números casi idénticos.
Lo que cobra un instalador de aerotermia y cómo se factura
En esta provincia, la mano de obra no suele facturarse por horas, sino que va integrada dentro del precio cerrado de la instalación. Por eso, comparar dos ofertas exige ir más allá de la cifra final: hay que desglosar qué entra exactamente en ese paquete. Lo determinante aquí es el alcance real, ya que dimensionar un equipo solo para agua caliente sanitaria y, si la hay, para piscina —sin circuito de radiadores ni suelo radiante— cambia por completo el coste respecto a lo que dictan los catálogos peninsulares.
Para poner una oferta junto a otra, pide por escrito que conste el volumen del acumulador (habitualmente entre 150 y 200 litros), la potencia de la unidad exterior y las medidas concretas contra la corrosión marina o la calima, especialmente en Lanzarote y Fuerteventura. También debe aparecer claro el tipo de IGIC aplicado, al 3 % o al 7 %, según cómo se contrate la obra. Si el presupuesto incluye el descuento por certificados de ahorro energético, hazlo explícito. Sin estos detalles técnicos y fiscales desglosados, la diferencia de precio entre dos empresas instaladoras puede ocultar ahorros en materiales o servicios esenciales para el clima atlántico.
Cuándo el número deja de ser una estimación
La visita técnica no es un trámite, es la comprobación de que el hueco existe. Los instaladores miden la separación real entre la unidad exterior y los linderos o ventanas vecinas, asegurando que el equipo respire aire libre sin dar a un dormitorio. Se verifica la distancia hasta el acumulador para calcular pérdidas térmicas y se inspecciona el cuadro eléctrico. En bloques de Las Palmas de Gran Canaria o complejos de San Bartolomé de Tirajana, donde fachada y cubierta son elementos comunes, el técnico revisa el punto de anclaje antes de aceptar ninguna propuesta. Sin este vistazo previo, cualquier número en el papel es humo.
Antes de pedir la primera oferta, conviene tener cuatro datos claros: litros diarios de agua caliente consumidos y cuántas duchas coinciden a la misma hora; si hay piscina y su tamaño; estado actual de la instalación eléctrica; y autorización comunitaria si la máquina va en zona común. Estos detalles cambian por completo el dimensionamiento, especialmente cuando el equipo solo sirve para ACS y refrigeración puntual, evitando sobrecostes innecesarios por cálculos pensados para inviernos que aquí apenas existen.